El Condado de Treviño y su integración en Álava: historia, sentimiento y futuro compartido
El Condado de Treviño es una singularidad geográfica y administrativa que lleva siglos generando debate, afecto y reivindicación. Rodeado completamente por territorio alavés, este enclave burgalés es, desde hace generaciones, un territorio que vive, siente y se relaciona con Álava y con Vitoria-Gasteiz de forma natural.
Sin embargo, la frontera administrativa aún no refleja esa realidad cotidiana que los treviñenses experimentan día a día.
Desde Panguanatur, proyecto que nació en el corazón de Treviño para poner en valor su patrimonio natural y humano, queremos hablar no solo de historia y política, sino de pertenencia, identidad y sentido común. Porque más allá de los mapas, hay una comunidad que late al ritmo de Álava.
Un enclave histórico en el corazón de Euskadi
El Condado de Treviño tiene su origen en la Edad Media. En el siglo XII, el rey navarro Sancho VI “el Sabio” fundó la villa de Treviño. Poco después, en 1200, el territorio pasó a formar parte de Castilla, quedando como un enclave dentro del Señorío de Álava. Desde entonces, su historia ha estado marcada por esa condición de “isla administrativa”.
A lo largo de los siglos, los vínculos entre Treviño y Álava se fortalecieron gracias al comercio, a los caminos naturales y a las relaciones familiares. La población acudía a Vitoria para vender productos, formarse o recibir atención médica. Las rutas más accesibles y las comunicaciones siempre apuntaron hacia el norte.
A pesar de ello, el Condado quedó adscrito administrativamente a Burgos, una provincia lejana tanto en distancia como en identidad.
Esa desconexión práctica se ha hecho más evidente con el paso del tiempo.
Una vida cotidiana que gira en torno a Vitoria
Hoy en día, la mayoría de los treviñenses estudian, trabajan o hacen su vida diaria en Vitoria-Gasteiz. El hospital de referencia es Txagorritxu, las compras se hacen en Vitoria, y las relaciones sociales, culturales y profesionales se desarrollan en Álava.
Cuando un treviñés dice “vamos a la ciudad”, no piensa en Burgos, sino en Vitoria. Y no es una cuestión de costumbre: es una cuestión de lógica territorial. Las carreteras, los servicios públicos y el propio ritmo de vida están orientados hacia el norte.
Esa realidad cotidiana contrasta con la estructura administrativa, que obliga a los ayuntamientos del Condado (Treviño y La Puebla de Arganzón) a depender de instituciones burgalesas que, en la práctica, están a más de 100 kilómetros de distancia.
El sentimiento alavés de un territorio vivo
Más allá de la geografía y la logística, está el sentimiento.
Treviño siempre ha tenido alma alavesa. Las fiestas, la forma de hablar, la participación en la vida cultural y económica de Álava… Todo forma parte de un tejido compartido que no entiende de líneas en un mapa.
Son muchos los treviñenses que se sienten parte de Álava no por ideología, sino por experiencia. El vínculo se ha tejido a través de generaciones, en las escuelas, en los mercados, en las cuadrillas de fiestas, en los equipos deportivos y en las historias familiares que cruzan continuamente la muga invisible.
Intentos de integración: una historia de idas y venidas
A lo largo del siglo XX y XXI, ha habido varios intentos de formalizar la integración de Treviño en Álava.
En 1940, en 1958, en 1980, en 1998 y más recientemente, el tema ha vuelto una y otra vez a la mesa política. En varias consultas populares, la mayoría de los vecinos se ha mostrado a favor de unirse a Álava. Sin embargo, las trabas legales y la falta de acuerdo entre instituciones han frenado el proceso.
La última gran iniciativa se produjo en 2013, cuando los ayuntamientos del Condado solicitaron formalmente su incorporación a Álava. Tanto el Parlamento Vasco como las Juntas Generales alavesas se mostraron favorables, pero el Gobierno de Castilla y León rechazó la propuesta.
El resultado: una situación de bloqueo que todavía persiste, aunque el sentimiento ciudadano no ha cambiado.
Panguanatur: la tierra como raíz y horizonte
Desde Panguanatur, defendemos un enfoque distinto. No se trata solo de reclamar una integración administrativa, sino de reforzar la identidad, la sostenibilidad y el orgullo de pertenecer a este territorio vivo.
Nuestro trabajo en turismo rural, recuperación patrimonial y promoción cultural nace del amor a la tierra, pero también del compromiso con su gente.
Creemos que la integración de Treviño en Álava no solo es una cuestión política, sino una oportunidad para construir un modelo rural más coherente, sostenible y conectado.
Un territorio con servicios adecuados, con apoyo a la agricultura y ganadería local, con una red turística que potencie su riqueza natural y con una voz propia dentro del País Vasco.
Un futuro compartido
La historia de Treviño y Álava no es la de una división, sino la de un encuentro continuo.
Los tiempos cambian, las fronteras se difuminan y las comunidades buscan coherencia y bienestar. La integración de Treviño en Álava no significaría romper con el pasado, sino actualizar una realidad que ya existe en la práctica.
Cada día que un treviñés acude a trabajar a Vitoria, que un estudiante del Condado estudia en la universidad alavesa, o que un visitante se acerca a nuestros pueblos desde el Green Capital, esa integración se materializa, sin papeles ni decretos.
Treviño late en verde, y su corazón —como el de tantos alaveses— late al compás de la montaña, del viento y de las raíces compartidas.
Conclusión
El Condado de Treviño no es solo una curiosidad administrativa: es un símbolo de pertenencia y coherencia territorial.
Su integración en Álava sería un acto de justicia histórica, de lógica geográfica y de respeto por la voluntad de sus habitantes.
Mientras tanto, iniciativas como Panguanatur seguirán trabajando por mantener viva su esencia rural, su riqueza natural y su sentimiento alavés.
Porque ser de Treviño es, en el fondo, ser parte de Álava.
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